Por Noemí Karamanian
Aníbal Ford era uno de esos amigos del alma. Alguien a quien voy a extrañar siempre. Un intelectual cabal, un laburante a secas, un artesano habilidoso, un creativo genial, un viajero incansable y un amigo de fierro.
Un obsesivo de los temas que lo enamoraban. Un recolector de historias. Un juntador de gente. Un abrecaminos. Un curioso de todas las experiencias.
Nora me lo presentó allá en los años del proceso; en nuestro exilio de ropero, criamos hijos, escuchamos tangos, viajamos y compartimos charlas de tiempo sin reloj.
Una cualidad preciosa de Aníbal era su capacidad de escuchar. Nunca lo vi descalificar la opinión de otro; él, que pensaba todo, era abierto y humilde; si hablando de "sus" temas yo daba un punto de vista poco elaborado, casi intuitivo, que contradecía sus opiniones, me sorprendían su curiosidad, su manera de repreguntar y tomar lo que le decía. Todo era pensable, todo era "materia prima" a ser trabajada. Con él aprendí que no hay temas importantes y temas banales. Que trabajar con el pensamiento es muy parecido a trabajar con la madera o con los metales, pasiones que también compartíamos. Gracias por esa enseñanza, Aníbal.
Era una persona sin prejuicios. Al principio su presencia, su forma de hablar, me imponían cierta distancia, cierta autocensura… cómo expresarse con libertad frente a alguien tan inteligente! Y casi veinte años mayor … Con el tiempo aprendí su calidez, su respeto profundo, su eterno contexto de descubrimiento. Su profunda sensibilidad frente a las cosas de la vida. Con él escuché por primera vez ese tango, lindo, "yo sé que andás triste desde que cosas de la vida te han pasado" (de quién era, Aníbal?) Compartimos esas cosas como quien comparte el pan. Y también sé que era un guerrero nato, alguien capaz de pelear encarnizadamente. Un calentón.
Trabajamos juntos varias veces. Y gastamos vida juntos, con él, con Nora, con los chicos.
Me gusta pensar en Aníbal como en Sean Connery: mejoró con el tiempo… En treinta años de amistad lo vi ponerse más lindo, de pinta y de alma. No es poco. Yo pido eso para mí.
Noemí Karamanián es Psicóloga e investigadora de la Universidad de Buenos Aires.
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