Emilio de Ipola:<BR>Tristes Tópicos de las Ciencias Sociales<BR>"Los tropezones concienciales producidos por los chistes conceptuales"*
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Alambre. Comunicación, información, cultura. Nº 1, marzo de 2008.

LIBROS PUBLICADOS Y EN CURSO 
Emilio de Ipola:
Tristes Tópicos de las Ciencias Sociales
"Los tropezones concienciales producidos por los chistes conceptuales"*
Por Lucas Rubinich¹


En Tristes Tópicos, Emilio De Ipola, agrupó una serie de ensayos construidos desde el absurdo que se valen de elementos de algunas zonas de lo real cercanas, familiares y, en otros tiempos, más seguras de sí mismas (y en gran parte de estos últimos cincuenta años dinámicas). Más exactamente de esa porción de lo real que llamamos ciencias sociales y humanas en este punto de América Latina que es Buenos Aires.

La paradoja de estos absurdos es que si bien en todos los casos pueden ser (si vale la expresión) conceptualmente realistas, en momentos de debilitamiento de las instituciones sociales en donde lo viejo no ha terminado de morir y lo nuevo todavía no está prefigurado, al estar las miradas más habilitadas para leer como absurdos distintos diversas prácticas de lo real cotidiano, se tornan más directamente realistas.

Y es en este punto donde las lecturas de este objeto pueden valerse de argumentos diferentes para intentar decir algo de él. En principio podría sostenerse que simplemente se trata de hacer leña con el árbol caído. Que en un período de deterioro y pérdida de vitalidad, preeminencia de burocratismo y carrerismo en estas prácticas académicas e intelectuales, no es difícil, producir una mirada sustentada en alguna autoridad intelectual que construya una Humorística macedoniana sobre ese mundo. Mundo que al haberse agujereado en sus gestos trascendentales, muestra más crudamente, en primer plano, las miserabilidades que siempre ( claro que en distintos grados de acuerdo a los momentos) forman parte de la vida de las instituciones complejas. Esta visión, en fin, puede argumentar que la tarea emprendida, cuenta la evidencia con humor.

Estos argumentos pueden ser refutados invocando la trayectoria del autor, lo que es lo mismo, recurriendo a la autoridad. Dado que eso no es bueno para ningún autor digno, hay que abandonarlo. Es sin lugar a dudas contundente reparar que estos ensayos son objetos construidos que tienen su especificidad y que reducirlos a una simple descalificación de esa zona de lo real, supone desatender su escritura, pero también no contemplar que hay personajes como "La Patro" de "De la versatilidad de los orígenes" que nace intelectualmente hablando en la época de oro del mundo universitario argentino y atraviesa con decisión estos cincuenta años con fidelidad al perfil del personaje. O Emilio De Ipola (mejor dicho un texto de De Ipola) que es mencionado en una nota al pie, junto a un texto de la revista Dialéctika, como parte de formas sofisticadas de decir una obviedad. Centralmente este argumento no tiene sustento porque el objeto ensayístico no puede ser pensado como una vulgar descalificación. Su humor atiende a la diferencias entre lo cómico y el chiste de Macedonio, entre la versión o Técnica, es decir, en lo indirecto como arte, y el horror del arte como "el relato y la descripción, la imitación del gesto y de las inflexiones de la voz, como fin en sí". Al fin, leerlo en clave de realismo ingenuo como propone este argumento, es sencillamente imposible.

Otra posibilidad es pensarlo, tomando en cuenta las mencionadas miradas sobre el mundo académico burocratizado, la ridiculización de distintos procedimientos en las diferentes etapas de producción de conocimiento, asociándolo a las miradas irracionalistas esteticistas que efectivamente circulan de tanto en tanto por las ciencias sociales y humanas con no poco prestigio en momentos de crisis. Efectivamente el mostrar el absurdo de la vida institucional y sus condicionamientos permite imaginar una reivindicación de la originalidad individual acosada. Estas miradas en donde se pueden localizar elementos de la concepción del intelectual de matriz romántica, suelen construir especies de poetas malditos que en su versión stirneriana desprecian la política y a quienes la practican en estos ámbitos sagrados. Los ataques más arquetipizados hacia estas versiones han provenido de la voz agresiva de Mario Bunge y en el ámbito internacional de la ridiculización a la que sometió Alan Sokal a las miradas posmodernas de los estudios culturales.

Esta versión puede ser desautorizada en un primer acercamiento recurriendo a la producción del autor, no ya como un criterio de autoridad, sino como una biografía intelectual que incluye una obra "en el espacio de pandillas", tal como los franceses describen el mundo cultural, según dice un escritor argentino, De Ipola estaría en la posición de los herederos de la gran tradición iluminista, categoría (es verdad) con un poder inclusivo exagerado, pero que sin embargo lo acoge justamente en una inmensa bolsa de gatos, diferente de otra quizás tan grande como la anterior, pero que su identidad también flexible, está dada por la ostentación de una mirada desconfiada hacia esa herencia.

Más pertinentemente diría que para esta segunda zona mencionada, en los tiempos que corren el perfil de poeta maldito angustiado no se transforma en trágico, ni mucho menos. Lo que hay son descreimientos tranquilos, que permiten la ocupación de un lugar tradicional de hombre culto individualista portador de cuando en cuando de una que otra indignación. No obstante la experiencia, (y esto es fundamental para esta rápida refutación) avisa que por ahí no hay humor. O, por lo menos, no este tan desenvuelto que permite parodiarse a uno mismo como es el caso de Tristes Tópicos.

Mi propuesta de lectura es que esta es una obra de tesis, como se decía en otros tiempos. Es obra de tesis porque pelea con algunas cuestiones que resultan antitéticas con un ideal de relación con la ciencia social y humana más asociada a la práctica que el mundo occidental moderno ha denominada intelectual. E, independientemente de que ese ideal sea más o menos posible de reinventar, la pelea lo hace de un modo singular. Además porque las cuestiones elegidas como adversarios en esta pelea son achatadoras de la vida cultural y por esto despolitizadotas del mundo académico. Y, fundamentalmente, porque la particularidad del objeto hace que diga algo.

Es probable que también en otros tramos de la accidentada trayectoria de las ciencias sociales y humanas en los últimos cincuenta años estos ensayos a los que Macedonio Fernández hubiera incluido dentro de su noción de chistes conceptuales, podrían haber sido desplegados, pero este momento tiene por lo menos dos elementos que lo tornan más habilitables: las ciencias sociales, desde la creación de la Carrera de Sociología en 1957 han crecido, sin lugar a dudas, en cantidad (hay más equipos de investigación que se ocupan de un amplio espectro de temas desde abordajes diferentes- hubo alrededor de 1500 trabajos presentados en el Congreso Nacional de Sociología en 2004, por ejemplo); ese crecimiento se acompaña con una experiencia de crisis y relatos de esa experiencia en dónde de diferentes maneras están presentes referencias a los momentos de radicalización política de los años sesentas y luego a la implicación de figuras de ese mundo en la transición democrática. Un mundo considerablemente extendido en relación a los años sesenta genera estructuras burocráticas grandes, que en este caso están conformadas por instituciones débiles, más débiles todavía luego del arrollador oleaje neoliberal. No todas las épocas tienen que estar presididas por grandes ideales de cambio encarnados en significativas experiencias colectivas que entusiasman a distintos mundos y muy particularmente a las ciencias sociales, pero lo que es cierto es que en esos momentos las vitalidades alumbradas por diferentes trascendencias estaban más a mano que en las últimas dos décadas. Para bien o para mal, en suma, hay condiciones que permiten una mayor distancia con el propio espacio. Y aquí se mezclan relaciones de relativa insatisfacción por transitar por instituciones débiles, con actividades más estrictamente profesionales en el sentido de estar menos ligadas a algún plus militante. Es posible entonces abordar con buenas armas el absurdo.

Es verdad que la nimiedad profesionalista también pudo haber generado algún objeto literario como "mientras no hay vida hay esperanza" en momentos más vitales. Sin embargo, con las condiciones del presente descritas más arriba, la historia del demógrafo andorrés Ramallets tiene potencial desacomodador. Lo interesante del relato es que el personaje en un escenario inundado por la nada, hace de una porción de la nada una bandera por la cual vale la pena cometer gestos heroicos. El promisorio demógrafo andorrés Jordi Ramallets i Urgel expone un trabajo en un congreso dedicado a los problemas demográficos de los pueblos de habla catalana, organizado, se podría decir presumiblemente, por el Population Center. La exposición, cuenta el narrador estuvo a kilómetros luz del resto, lo que confirmaba su lugar estelar. Ocurre que el chairman del debate John M. Stanton, encontró ante el asombro de todos los concurrentes lo que calificó como un error insalvable en la ponencia de Ramallets. La hipótesis de Ramallets sostenía que "la tasa de mortalidad era, aunque ligera, regularmente más alta entre los practicantes de las ciencias sociales que se desempeñaban en núcleos profesionales más bien pequeños (15000 almas , más o menso) que la de los que lo hacían en poblaciones medianas y grandes". Sus trabajos se basaban en los datos construídos por él mismo para Andorra la Vieja. El narrador encuentra a Ramallet luego de la refutación de Stanton en su hotel revisando cifras obsesivamente. Allí le cuenta que está trabajando en una contrarrefutación que aparecerá en el diario La Vanguardia un determinado día. El narrador lee ansiosamente ese diario en Barcelona, sin poder encontrar la esperada refutación de la refutación, hasta que un día Ramallet aparece, pero en la tapa y en noticias policiales con el título suicidio de joven sociólogo andorrés. Semanas después en el mismo diario del domingo el narrador encuentra un artículo de un ex condiscípulo suyo que lleva por título Triunfo Póstumo. Allí se relataba que Ramallets había dejado una carta en la que cuenta que advirtió que un solo caso enderezaría sus cálculos y anularía la demostración de Stanton. El narrador interviene comentando la carta y en el final del relato afirma que seguramente no produjo ese hecho por una cuestión de vulgar competencia, sino "porque es de regla que el investigador científico procure por todos los medios falsear las hipótesis vigentes en la disciplina que practica." El personaje de una pequeña comunidad lingüística, que habita en una todavía menor comunidad urbana y que sustenta una pequeña hipótesis que puede ser refutada apenas por un caso, tiene espíritu épico. Cree, como todos los hombres, que hay momentos en que es necesario ponerse por encima de las cosas y hacer apuestas por algo más que uno mismo, aunque ésto pueda suponer la pérdida de la propia y joven vida. Los bichos sociales creemos que ese algo más a veces es simplemente un jefe, otras una tribu o una nación, un Dios o una idea de organización social y política del mundo, en este caso es una pequeña hipótesis o, mejor, una idea reglamentaria sobre la ciencia y la conducta científica.

Del mismo modo que en el relato anterior, el que se titula "Necrosociológicas Talcot Pitirim Gonçalves o la elocuencia de lo conciso" adquiere también potencialidad político- cultural. El narrador frente a un cable que anuncia la muerte del personaje en Brasilia relata sus encuentros con él, en un estilo de necrológica de discípulo, aunque de a poco se va transformando casi en un relato policial. Pitirim Gonçalves era el creador de lo que se llama laconismno metodológico, que básicamente consistía en un lenguaje jeroglífico. Así quería el maestro que fuera tratada y leída su obra. En el relato se cuenta una escena en un hotel de Mar del Plata en la que el maestro se queda dormido y el narrador discípulo descubre un cuaderno de tapas negras que asoma de su portafolio con el título en tapa Mi diccionario. Comprendiendo que allí está la clave para la lectura de la obra de su maestro el narrador fotocopia el texto y lo devuelve al portafolio sin que su maestro se percate. El narrador aclara que por respeto al maestro hasta su muerte no quería dar a conocer este diccionario atendiendo a su voluntad de su obra jeroglifica. Su curiosidad y acto desleal tuvo que ver simplemente con comprender a su maestro. Muerto el maestro había vendido los derechos a la editorial Anomia para que los publicase.

La preocupación de Gonçalves, inspirado por haber encontrado en una celda rosarina una noche de borrachera, una reproducción de los diez mandamientos de la ley mosaica, es básicamente encontrar un lenguaje conciso .Trabajar a partir de que las palabras han perdido su capacidad de nombrar, de evocar, "se han gastado sin pulirse"; para conseguir un lenguaje conciso que supuso en su caso, crear su propio lenguaje.

El procedimiento descubierto por el diccionario es encontrar situaciones típicas de explicación en ciencias sociales y reemplazarlas por una palabra. Por ejemplo: en muchos trabajos se aclara de una manera reiterada que los sostenido allí sólo puede ser leído como una hipótesis de trabajo. En lugar del largo párrafo que explica esa situación repetida muchas veces, propone escribir simplemente la palabra POTRA.
Necrosociológicas no sólo es una mirada inmediata sobre las jergas que existen en cualquier comunidad cultural y sobre el ejercicio de fortalecimiento corporativo que supone en algunos casos, o, en otros, la pura demostración de autoridad cultural. También estas cuestiones ocurren en distintos momentos, sólo que se convierte en dramáticas cuando hay poco o nada para decir. Y es ahí cuando quizás terminamos imaginando que el problema de ausencias de sentidos se afronta recurriendo a lo que Miguel de Unamuno denominaba "tecniquerías".

Estos dos relatos muestran que en Tristes Tópicos, hay cuestiones centrales que permiten insistir con la arcaica caracterización de obra de tesis aunque atendiendo más que a la historia encarnada en una serie de obras concretas en el tiempo, en el reclamo de una inclusión en un paraguas que es conceptual y no literalmente histórico. Una obra de tesis siempre se asocia a lecturas demasiado inmediatas del mundo, que invierten los sentidos comunes circulantes sobre lo que es justo e injusto, sobre lo que es moralmente reivindicable o reprobable. Quizás en este caso hay que encontrar la potencialidad político-cultural que se le reclamaba a una obra de tesis, en el poder desacomodador, que se sostiene en la relación con un mundo de referencia a partir de la construcción de objetos que no replican miméticamente las prácticas y los gestos de ese mundo. Pero que, sin embargo, conmueven nuestra inercia cotidiana generando sentimientos encontrados, valiéndose para ello de una macedoniana forma del humor absurdo.


* Fernández, Macedonio, "Para una teoría de la Humorística", en Teorías, Obras completas, Vol. III. Buenos Aires, Corregidor, 1990.

¹ Director de la carrera de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.


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