Magical, mystical: el "Royal Tour" de Alejandro Toledo¹
Director Aníbal Ford
Alambre. Comunicación, información, cultura. Nº 1, marzo de 2008.
Magical, mystical: el "Royal Tour" de Alejandro Toledo¹
Por Víctor Vich
Una elegante limosina ingresa al Palacio de Gobierno. Los Húsares de Junín la reciben con las marchas de orden y en la Plaza Mayor la gente se sorprende e intenta mirar lo más cerca posible. Todos intuyen que alguien importante ha llegado pues, de pronto, el presidente Toledo aparece por la puerta central del Palacio y se coloca al final de una larga alfombra roja. El ambiente parece de fiesta y se respira un toque de solemnidad. ¿Quién será? No es un Presidente de Estado; tampoco el Secretario General de la Naciones Unidas. Menos aún, el papa Benedicto XVI. Es solamente Peter Greenberg (¿quién es ese?), un simple periodista americano encargado de filmar un documental turístico sobre el Perú: el "Royal Tour."
Sirva esta imagen para teorizar en qué se están convirtiendo las naciones en el mundo contemporáneo y sirva también para visualizar mejor los desesperados actos performativos mediante los cuales el Perú, como Estado-nación, intenta posicionarse como oferta atractiva en el nuevo mercado mundial (Vich 2002). En este ensayo quiero sostener que si Toledo decidió recibir tan desproporcionadamente al mencionado periodista es porque un conjunto de poderes que sobrepasan a su gobierno -y a su persona- se han activado para colocarlo en dicha posición. Más allá de que la promoción turística sea considerada, hoy en día, un fundamental agente de desarrollo, lo cierto es que una relación de subordinación se hace muy visible en esta primera escena.
En efecto, en el capitalismo tardío, los Estados nacionales han dejado de ser artefactos "soberanos" para volverse en piezas funcionales de un sistema económico mundial que los excede a partir de un flujo de capitales sobre el cual tienen muy poco control. Sabemos, en efecto, que las grandes decisiones políticas y económicas del mundo contemporáneo sobrepasan a los Estados nacionales y que los grandes poderes mundiales se organizan a partir de gigantes trasnacionales que subordinan todo lo que encuentran a su paso. Ello, sin embargo, no significa que las los Estados-nacionales estén desapareciendo y carezcan de funcionalidad. Antes bien, se trata de un proceso harto complejo mediante el cual los Estados nacionales están redefiniendo funciones y asumiendo nuevos roles según ciertos imperativos del sistema mundial. Quiero sostener, en este ensayo, que la cultura es un espacio o un elemento fundamental en la construcción de esa relación.
Que un Presidente de la República opte por convertirse en un guía turístico y decida jugar, por unos días, esa performance es un dato en el que conviene detenerse. Se trata, en mi opinión, del signo más contundente que hace explícito cómo una región periférica como el Perú se ve afectada por la "colonialidad del poder," vale decir, por un nuevo dispositivo, de alcance global, que tiene como objetivo "inventar" turísticamente a las identidades subalternas a fin de continuar extrayendo de ellas un sin número de beneficios. En ese sentido, puede decirse que Alejandro Toledo no es Alejandro Toledo y tampoco que Peter Greenberg es Peter Greenberg. Para el caso, sus figuras son su roles y éstos consisten en encarnar, en sus personas, a dos instancias diferenciadas: el Perú y el mercado mundial: el nuevo orden económico frente al cual el inca Toledo, el antiguo-nuevo Pachacútec, está dispuesto a entregar todo su Imperio.
El "Royal Tour" es un formato de programa de televisión de propiedad del Discovery Channel, el Travel Channel y Seck six productions. Se trata de un programa de promoción turística donde es el presidente de la República del país seleccionado, el primer ministro o el Rey, el encargado de mostrar las maravillas de su país a través de la interacción con un periodista-turista (2). En el caso peruano, su producción fue una iniciativa del gobierno peruano a través de la agencia Prom Perú (3).
En realidad, nos encontramos ante un producto bastante convencional donde se ven las mismas imágenes de siempre, que son, sin duda alguna, las que el ojo turista quiere observar una y otra vez. Sin embargo, dichas imágenes son muy importantes porque ellas nos permiten teorizar acerca de las diferentes maneras en que el país es discursivamente construido un como artefacto "exótico" y "mágico" altamente despolitizado. Quiero sostener que dicho modelo de representación es la respuesta a una "demanda de exotismo" articulada desde los centros hegemónicos y frente a la cual el Perú ha decidido satisfacer a cualquier costo.
Ya es sabido que antes que homogenizar a las culturas el mercado contemporáneo alienta y promueve la "diferencia cultural" al interior de una estrategia donde hay fuertes poderes que compiten por su administración. Poco a poco, la potencia política de la "diferencia cultural" (en tanto agente de relativización de lo propio, en tanto signo de nuevas alternativas, en tanto crítica a discursos monológicos y etnocéntricos) ha dejado de asustar a los centros hegemónicos y, más bien, está siendo sistemáticamente utilizada como una posibilidad de generar mayor flexibilidad en las ofertas de un mercado altamente competitivo. Dicho de otra manera: el mundo no se presenta como un lugar de luchas políticas y de identidades enfrentadas por conseguir más derechos sociales y mayor acceso a recursos sino, simplemente, como un lugar donde la diversidad es celebrada estetizándola en la postal y vaciándola de todo contenido político. Gisela Cánepa y Rossana Reguillo lo han resumido de la siguiente manera:
Solo parecemos sentirnos cómodos cuando esos "otros" y sus manifestaciones culturales pueden ser apreciados como objetos de consumo y goce estético. Pero una vez que se revelan como actores políticos con intereses y demandas propias, la diferencia y la diversidad cultural no se tolera (Cánepa 31).
Si el concepto de diversidad sigue sin incorporar la dimensión de poder y sin transitar en su formulación hacia la visibilización del conflicto que genera la interacción de culturas diversas, no tendrá mayor impacto ni posibilidad analítica, se autocondena a convertirse en un dispositivo solo útil para vender músicas del planeta, objetos autóctonos o repertorios culinarios (Reguillo).
Como es de suponer, el "Royal Tour" se inscribe en dicha dinámica y no es exagerado afirmar que ahí se revelan muy bien las maneras sobre las cuales se está organizando el turismo en el Perú. No se trata, por supuesto, de deslegitimar la importancia de tal actividad económica sino de cambiar de perspectiva y confrontarnos con el turismo en sus complejas sobredeterminaciones.
Así, en este ensayo opto por definir al turismo como una actividad económica pero, a la vez, como una gran maquinaria discursiva que produce representaciones sobre la nación con serias consecuencias no solo en las maneras en las que se conceptualiza la historia y las identidades culturales sino también en las políticas públicas que son siempre implementadas. Dicho de otra manera: como constructor de un relato sobre la nación, el turismo tiene un gran impacto en los imaginarios sociales -y de ahí en el sistema educativo- y el las relaciones nacionales con el mundo exterior. Mal haríamos entonces en considerarlo como una instancia inocente sin efectos directos la división geopolítica del mundo y en los programas de desarrollo que en él se aplican.
Pero pasemos ya a comentar el video. Sus primeras imágenes muestran la geografía peruana y a unos pies que la recorren por distintos escenarios. Poco a poco nos damos cuenta que éstos corresponden a Alejandro Toledo el cual se encuentra disfrazado de campesino (o de inca de feria artesanal) para terminar detenido en la cima de un alto cerro con un rostro fuertemente místico. La imagen puede asociarse con el imaginario del hacendado que mira su chacra desde lo alto y que esa mirada implica ya un signo de poder sobre ella. Todo ello da un poco de risa, pero en realidad nos hace reír mucho menos si pasamos a entender la imagen desde un lugar más político: a lo largo de todo el video, el presidente Toledo aparece representado como el buen "líder" encargado de conducir a una nación que necesita de "padres tutelares" y que sigue buscando ansiosamente incas. Toledo mira a la patria y desde ahí dice lo que todos tenemos que hacer salir del subdesarrollo.
Si bien puede decirse que en aquellas imágenes Toledo no tiene ninguna pinta de hacendado y, más bien, aparece como un típico "brichero" de pub de país periférico, es claro que él ocupa una posición central y que algo político está más allá de la pura promoción turística. En efecto, un mayor análisis demuestra que el video no solo tuvo como objetivo construir una imagen que "vendiera bien" al Perú en el exterior sino que se trató además de articular un signo que legitimara al gobierno y a su presidente de todos los errores políticos y del absoluto descontento que reinaba bajo su gestión. "Promocionar al Perú, promocionarse a sí mismo," son así entidades intercambiables en este tipo de textualidad.
Dada su particular historia personal, los peruanos sabemos de sobra que Toledo nunca pudo integrarse bien a la sociedad peruana y que manejó muy mal los códigos de los grupos sociales. Despreciado por las clases altas y absolutamente desindentificado con los más pobres, Toledo siempre fue el productor de un discurso -realmente trivial- que no fue capaz de articular identificaciones en búsqueda de mayor inclusión ciudadana. No fundó un nuevo discurso y menos aún tuvo gestos que lo iniciaran. Su gobierno no fue capaz de construir una política cultural nueva que combatiera el racismo existente y fundara nuevos imaginarios políticos. Es cierto que el trabajo de su esposa Eliane Karp intentó poner en agenda el tema de los derechos de las comunidades indígenas pero es igualmente verdadero que, más allá de los escándalos por la malversación de fondos, aquello nunca fue una política orgánica del gobierno sino, simplemente, los aislados actos de una primera dama también muy desprestigiada.
En todo caso, el video sostiene que Alejandro Toledo es "el primer presidente descendiente de los incas en quinientos años de historia moderna." De esta manera, "nación" y "sujeto" se vuelven entidades intercambiables y por ello antes de mostrar el país se comienza con una breve reseña del líder político. Los datos son conocidos, pero aquí aparecen posicionados al interior de una cadena que solo apunta a construir al personaje de una manera algo mesiánica y ciertamente liberal al estilo "Freedom and democracy." De lustrabotas a luchador contra la dictadura; de niño rural a Ph.D. de Stanford; de migrante en los EEUU a Presidente del Perú. "
Luego de la escena de la Limosina que ya hemos comentado, Toledo pasea a Greenberg por el palacio de gobierno y le ofrece llevarlo a conocer todo el país. La relación que se establece entre ambos personajes tiene un aire colonial y bien podría hacer recordar a algunos pasajes de la historia peruana. Algo así como "te doy dos cuartos de oro, tres de plata y tú, o el turismo, prometes sacarme del subdesarrollo." Por lo mismo, toda la performance de Toledo está destinada "inventar" un país que no existe, al Perú como un lugar "mágico" y "místico," características básicas que exige el nuevo turismo internacional.
Dice Zizek que hemos pasado a una nueva etapa del capitalismo donde la producción se encuentra bastante "desmaterializada" y donde, más que productos culturales, lo que se nos obliga a consumir son "estilos de vida." En ese sentido, el surgimiento de las modas new age tienen que entenderse como un instancia ideológica que apela a un supuesto "retorno" a la naturaleza a razón de que los vínculos humanos han sido todos sistemáticamente mercantilizados.
En el capitalismo cultural, la relación entre un objeto y su símbolo se ha invertido: la imagen no representa al producto, sino, más bien, el producto representa una imagen. Compramos un producto -digamos, una manzana orgánica- porque representa la imagen de un estilo de vida saludable (...) Lo que se estaría verificando hoy, el rasgo definitorio del capitalismo posmoderno, es la mercantilización directa de la experiencia misma: lo que se está comprando en el mercado son cada vez menos productos (objetos materiales) para poseer, y cada vez más experiencias vitales -experiencias de sexo, comida, comunicación, consumo cultural, participación de un estilo de vida. Los objetos materiales sirven solo como sostén para esta experiencia, que se ofrece cada vez en forma gratuita para seducirnos a comprar la verdadera mercancía experiencial (Zizek, 120- 122)
Si el capitalismo ha destruido buena parte de los vínculos entre los sujetos y ha destruido, además, las relaciones entre el sujeto y su tradición histórica (a la que convierte en una simple fotografía que invisibiliza los antagonismos constitutivos), entonces debemos entender el discurso new age como un dispositivo que es capaz de "devolverle" al sujeto la ilusión de un nuevo punto de apoyo. Ya no se trata, por supuesto, de un vínculo con sus semejantes, ni, menos aún, con su pasado antagónico. Lo que hoy se promueve es la relación con un espacio "natural" siempre despolitizado donde el sujeto creerá encontrar algunas garantías. Claro que todo aquello tampoco es nada natural y cuesta mucho dinero pero los new age están siempre dispuestos a pagar por ello.
En el "Royal Tour" vemos la permanente escenificación de la naturaleza y de los sujetos inmersos en ella (los peruanos) como ejemplos de una interacción armónica donde las tradiciones no se han perdido y el contacto con instancias "puras" hacen del país una verdadera experiencia trascendental. La ilusión de la pureza y del carácter estático de la vida peruana está presente en toda la narrativa que construye el "Royal Tour" y hay innumerables ejemplos por comentar. Uno de ellos, probablemente el más claro, ocurrió en Ollantaytambo cuando Toledo y Eliane intentaban explicarle a Greenberg el acueducto inca. "Los españoles no pudieron destruir estas piedras: ellas son un gran símbolo de la sociedad peruana" dijo Eliane en plena fantasía.
Como puede notarse, lejos de marcar la fractura, la pérdida y el despojo, el Perú es representado aquí como una nación estable, sólida y segura de sí misma. Se trata de una idea metafísica de la resistencia cultural que, al desentenderse de los sujetos del presente, opta por inventar toda una interpretación cultural de la historia a partir de una imagen descontextualizada. Pero aquellos estereotipos no vienen solo de la esposa del presidente sino también de la voz narrativa -la voz del mercado mundial- pues en el medio de la comunidad yagüa escuchamos sin problemas: "Es la primera vez que un helicóptero aterriza en este lugar." Claro que lo mismo podríamos decir del patio de cualquier "high school" de Boston o de cualquier "liceo" francés pero aquello no importa pues, como hemos dicho, lo fundamental consiste en construir una imagen exótica de país como una realidad anclada en la tradición, expulsada fuera de la historia y convertida en una especie de "museo viviente".
El encuentro con los indios yagüas es importante, además, porque ahí es posible observar la relación que el Estado peruano mantiene con las culturas subalternas en aras de merecer la aprobación de una mirada "externa" que es la del mercado mundial. Imágenes idílicas de niños corriendo por la selva y zambulléndose en el medio de ríos donde no hay depredadores industriales ni mafias de madereros. El presidente y su esposa se presentan como aquellos que les llevan algo de "civilización" (educación y vacunas) aunque en realidad los mismos yagüas se estén riendo y sepan que aquella no es la razón principal por la que estos ilustres visitantes han llegado hasta su pueblo. En realidad, lo que a Greenberg le interesa son las cerbatanas y las grandes boas que se enredan en su cuerpo al punto que uno puede sentir en ellas la ominosa presencia de la naturaleza. "People keeps boas in their homes as pets" le dice Toledo a Greemberg en un impresionante un arranque de imaginación.
En la ciudad de Trujillo ocurrió algo similar: el helicóptero sobrevuela la ciudadela de Chan-Chan y luego sobre el mar de Huanchaco donde un conjunto de "caballitos de totora" esperan al presidente y a su solemne invitado. La escena es una suerte de "visita inesperada" del presidente del Perú a su pueblo pescador. Los caballitos de totora son los objetos en los que la cámara se detiene y Toledo no pierde la oportunidad de afirmar que los antiguos peruanos corrían olas y practicaban el surf mucho antes -y mejor- que los hawaianos que ahora todo el mundo conoce. Luego, ahí mismo, Toledo prepara un cebiche natural, muy natural, para mostrarle a Greenberg lo bien que se vive por aquí. Sin embargo, la cámara no enfoca a los personajes comiendo el manjar sino opta por enfocar a Toledo acercándose a la muchedumbre trujillana y repartir un pedacito de pescado a los que estiran más la mano.
Esta imagen del líder compenetrado con su pueblo también la vemos en el Cusco cuando a la salida de Machu Picchu un huayco ha destrozado la línea del tren y se ha llevado algunas de las pertenencias de los habitantes de la zona. Aquí, el video muestra a Toledo como alguien que sabe tomar decisiones, que actúa muy rápido y que es condolente con el sufrimiento del pueblo. Cualquier persona que ha vivido los últimos años en el Perú puede sorprenderse de tal representación pero lo cierto es que dicha imagen no dura mucho cuando nos enteramos de la solución de Toledo. En el video él se limita a llamar a los helicópteros de las Fuerzas Armadas con un objetivo claro: sacar, lo antes posible, de ese lugar a todos los turistas atrapados.
Pero en el Cusco ocurrió la escena más importante por comentar. Fue con respecto al Intihuatana, el reloj solar situado en el medio de la ciudadela de Machu Picchu. Como se sabe, hace algunos años, esta pieza incaica sufrió una severa fractura a causa de la filmación televisiva de un comercial de una cerveza peruana. El hecho causó un gran escándalo público pero hasta el momento no ha habido mayor sanción a quienes lo perpetraron. En todo caso, desde ese momento, las autoridades del Cusco dispusieron que una soga rodee el reloj para prohibir acercarse y tocarlo.
Sin embargo, en este video observamos todo lo contrario. El presidente Toledo no respetó dicha regla, invitó a Greenberg a cruzarla también y, con los ojos cerrados, ambos personajes besaron el Intihuatana. Dentro de las fantasías de nuevo turismo internacional, podemos decir que ambos cumplieron el deseo de la globalización. Sellar un vínculo magnético con la naturaleza y con el pasado vuelto fetiche. Ahora sí, después de este pacto, ambos podían regresar tranquilos a sus alienantes rutinas diarias.
Pero "cruzar" la soga y transgredir la ley merece un mejor comentario. El primero tiene que ver con las consecuencias históricas que, a lo largo del tiempo, ha tenido para la gobernabilidad del país que el Estado peruano sea el primer violador de las leyes que él mismo promulga. Aquella costumbre (que viene desde la época colonial) es la razón mayor de que el principio de autoridad se haya perdido por completo y de que la ley haya dejado de ser una instancia consensual que articule la vida comunitaria. Si en el Perú la política y el Estado se encuentran absolutamente desacreditados es porque los peruanos constantemente vemos escenas como esta: autoridades que por el hecho de ejercer cargos públicos creen que están exoneradas de cumplir la ley.
Ahora bien, el hecho es más grave aún si consideramos que se trata de un video de promoción turística internacional. Por lo mismo un comentario geopolítico es urgente al respecto: el hecho de que sea el propio Presidente de la República el que "invita" al turista a violar la ley es también otro signo de la relación de subordinación que entre ambos personajes se ha construido. Como decía al inicio, Peter Greemberg es signo del mercado mundial y ante él no queda otra que rendirse entregándole todo, inclusive aquello que creemos haber puesto a salvo. En este video el turista se convierte entonces en una especie de sujeto, dotado de una supra-ciudadanía, que lo posiciona por encima de la ley y de la comunidad. Es muy claro que nos encontramos ante una muy vergonzosa manera de promover el Perú pues implica asumir la posición de un país realmente colonizado cuya agencia se reduce solo a satisfacer los deseos del colonizador.
En todo caso, esa no es la última imagen del video. Luego veremos a todos los personajes (Toledo, Eliane, Greemberg) montando elegantes caballos de paso, manejando autos de tubo por las dunas de pisco y bañándose alegremente con los lobos de mar en el medio de la reserva ecológica de Paracas, un lugar también prohibido por las autoridades. Naturaleza, magnetismo espiritual, aventura física y patrimonio histórico son los elementos que se muestran y que Toledo intenta promocionar desesperadamente. Lo que aquí se muestra es un país "estable" con una autoridad política revestida de consenso que, sin embargo, también necesita promocionarse a sí misma.
El video termina nada menos que en Cabana, el pequeño pueblo de la sierra de Huaraz donde Toledo nació y vivió casi toda su infancia. Al bajar del helicóptero, casi como un homenaje o una transustanciación del papa Juan Pablo II, Toledo se arrodilla respetuosamente y besa el suelo de su tierra ante las cámaras internacionales. Es la imagen del niño pobre que regresa triunfal con un importante invitado bajo el brazo. Por ello las autoridades lo reciben con bandas de música y todo es una fiesta. No es la cultura ni la historia ni la naturaleza lo que se nos muestra aquí: es solo una sociedad jubilosa de recibir a su hijo triunfador. A Toledo, por supuesto, no se le ocurrió mejor frase que terminar afirmando lo siguiente: "voy a hacer todo lo posible para que de esta tierra salga un nuevo presidente del Perú."
Conclusiones
Se calcula que el Estado peruano gastó cerca de 300,000 dólares en la producción del "Royal Tour" y dicha cifra fue justificada aduciendo que su gran difusión revertiría en un notable incremento del turismo. De hecho, en el contrato se afirma que el video se pasará durante un periodo de dos años, en más de cien repeticiones, en toda la televisión por cable de alcance global a través de los canales Discovery y Travel Channel, NBC, CNBC, NISNBS y de famosos programas como "Oprah" y "The view among others."
Como un dato adicional habría que añadir, además, que fue filmado durante la Semana Santa del año 2004, del 7 al 12 de abril. Es curioso, pero resulta muy interesante notar que por aquellas semanas la popularidad del presidente Toledo había llegado a su punto más bajo de aprobación (se registra solo un 6%) y el malestar social era altamente generalizado. Ningún presidente de la última historia republicana había llegado tan bajo. El tema de la "vacancia presidencial" se barajaba a cada instante y los movimientos sociales y las protestas callejeras ya contaban con algunas muertes muy visibles (4). No voy a entrar en detalles destinados a evaluar el mal gobierno de Toledo pero sí a subrayar la enorme frustración que su gestión provocó en todos los peruanos que esperábamos una transición democrática mucho más sólida o, al menos, menos improvisada, menos miedosa e ineficiente.
Decía Carlos Monsiváis que en el mundo contemporáneo la tradición regresa a la esfera pública solo como "teatro" para los turistas (5). No es una frase puramente ingeniosa si la interpretamos desde una perspectiva poscolonial. La exotización que actualmente se está construyendo sobre el Perú es, sin duda, una nueva forma de colonialismo. Y por ello entiendo aquí la construcción de todo un sistema de dominación cultural y económica que, en el marco de la globalización capitalista, posicionan a los países periféricos a responder pasivamente a los mandatos articulados desde los centros hegemónicos.
Nos encontramos, entonces, ante un proyecto, nada inocente, que convierte los antagonismos de la historia en símbolos folclorizados. Las identidades sociales son sistemáticamente deshistorizadas y el país convertido en un gran "teatro" o, lo que es peor, en un fetiche. Lo mediático reemplaza al pasado histórico y el espectáculo es lo único que importa, pues ahora sabemos bien que la misma política se ha espectacularizado. En este video ello se consigue a partir de la permanente insistencia en subrayar los estereotipos sobre la ritualidad andina que son los que la "mirada externa," la mirada del poder ha venido consumir.
Mignolo (1999) sostiene que la "colonialidad" es una maquinaria discursiva destinada a producir subalternidades y a reproducir la exclusión social a través de representaciones y de aparatos políticos. En este caso, los subalternos son inventados como sujetos místicos y exóticos pero nunca como sujetos políticos. El mandato del mercado mundial, la violenta disposición del otro hegemónico, impone su deseo construyendo estas representaciones y obliga a que todos se posicionen a su servicio realizando tales performances. Lo interesante o aterrador del "Royal Tour" es que Estado, mercado y empresa privada se encuentran casi completamente fusionados no solo por compartir un mismo discurso sino además por funcionar como una sola entidad.
Así, no estamos tan lejos de las ideas de Marx cuando sostuvo que los individuos se habían vuelto esclavos de un "poder extraño" a ellos. En la actualidad ese poder no es otro que el del mercado mundial y, en este caso, de un discurso, ya globalizado, que vacía la historia y que la convierte en un simple simulacro artificioso. Es increíble pero cuando Toledo y su invitado Greenberg están paseando por las líneas de Nazca y el periodista le pregunta qué función cumplieron éstas en el Perú antiguo, Toledo le responde, sin ningún problema, que bien pudieron haber sido la "pista de aterrizaje de extraterrestres." Como puede notarse, en realidad la historia ya no importa; el presente mucho menos. Se trata de negocios y, sobre todo, del posicionamiento del país como un lugar diferenciado y viable. El imperativo del mercado es único: vaciar la historia, vender la patria.
De todas formas, desde el debate académico, podemos decir que el "Royal Tour" no es menos aterrador para nosotros pues implica confrontarnos con los límites de muchas de las categorías que en la crítica cultural a veces hemos venido utilizando con demasiado optimismo. Es decir, la celebración de la "diversidad cultural", la construcción política de la "impenetrabilidad del otro" y la idea de la nación como un "dispositivo preformativo", se revelan como las armas también utilizadas por el discurso neocolonial. Casi podríamos decir, entonces, que compartimos las mismas herramientas teóricas y ello no es sino el signo de la peligrosidad del terreno en el que nos movemos.
Lo trágico o interesante, en todo caso, es comprobar que Toledo es quien fue ese "otro subalterno" del que tanto hemos hablado en los estudios contemporáneos. Llama la atención la manera absolutamente pasiva con la que se responde a los mandatos del sistema mundial. De hecho, podemos decir también que ningún subalterno habla en el video, ninguno se representa a sí mismo y todo es sistemáticamente hablado por Eliane, por Toledo, por Greenberg o por esa voz en off que los representa sin piedad. Sin embargo, podemos decir que Toledo tampoco habla en este video: él es el Otro, en un discurso que se le ha impuesto y que reproduce pasivamente a través de su performance (6).
No es este el lugar para analizar las estrategias subalternas de apropiación del discurso turístico y menos aún de describir a todo un conjunto de experiencias locales que ya han comenzado a trabajar con otros presupuestos. Importa, por el momento, solo subrayar que, como cualquier maquinaria de producción discursiva, el turismo bien podría ser un agente productor de una narrativa de la historia mucho más digna y mejor pensada. Dicho de otra manera: el turismo no es solamente un tema del Ministerio de Comercio Exterior sino un problema de política cultural que debería contar con la participación diversos actores sociales. Considerar al turismo como un agente puramente económico es dejar de lado todas las consecuencias que su producción discursiva adquiere en el mundo contemporáneo.
Poco o nada de eso ocurre en la actualidad. Lejos de mostrar cómo los antagonismos del pasado peruano han contribuido a determinar este presente tan poco exportable, el discurso turístico actual se desentiende en tal problemática y opta simplemente por el camino más fácil. La imagen sirve para instaurar identidad en el mercado (Harvey 319) Hoy en día, cualquier identidad depende de las imágenes que la sostengan pues ellas lejos de representar a los objetos o sujetos los "construyen" a su manera. Así, la realidad se ha vuelto pura ideología: la ideología ya no "cubre" ni se interpone ante nada: es ahora el soporte mismo de la realidad y su principal agente constitutivo es la realidad misma, la propia realidad que ya se ha vuelto ideológica (Zizek 1992).
Pienso entonces que la mejor manera para explicar toda esta situación consiste en caracterizar al estado de la cultura contemporánea a partir de su componente fuertemente "cínico" (Storderlik, Zizek, Ubilluz). No se trata de sostener solamente que nos encontramos ante un sistema de organización mundial que lo ha mercantilizado todo y que, al desentenderse de la historia, opta por la imagen de la postal. Más bien, se trata constatar que el cinismo -como racionalidad institucionalizada- es el núcleo cultural de la globalización capitalista. Y, como tal, es el mayor productor de discursos que impulsa a los sujetos a "creer" y a "gozar" con una fantasía que lo vende todo al mejor postor.
Definido como "ese saber que se oculta," como aquello "que se sabe pero que se niega," el cinismo es un componente central de la cultura neoliberal contemporánea; es un discurso de negación mediante el cual el Perú se vuelve súbdito de una "demanda de exotismo" que el mercado mundial le ha impuesto. La vida es secuestrada por la imagen, la realidad por la ideología y la historia por el mercado. Los peruanos sabemos que lo que se muestra en el "Royal Tour" es falso, que los indígenas no viven así, que el Perú no es así, pero aquello no importa pues los negocios ya lo justifican todo. En la actualidad, se trata solo de responder pasivamente a un mandato exterior (¡Sean exóticos para que podamos ir a verlos!) y así continuar atrapados en una clara relación neocolonial. Bajo el único imperativo de hacer negocios, lo que termina por imponerse es entonces una falsificación de nosotros mismos y la asunción -ciertamente cínica- de que no nos queda otro juego por jugar.
Addenda
Durante la dictadura, una frase caracterizó al régimen de Manuel A. Odria: "la democracia no se come." Con ella, el militar intentó justificar un sistema político que tampoco dio de comer a los peruanos y que se convirtió en uno de los regímenes más oscuros y nefastos de la historia peruana. De la misma manera, al final de este artículo, uno podría razonar en términos parecidos: "con la teoría tampoco se come y si el turismo va a traer ingresos entonces está bien que se desarrolle de esta manera."
De hecho, nos encontramos ante un dilema difícil de resolver: ¿Cómo utilizar nuestra historia para "atraer" recursos sin caer en una falsificación de nosotros mismos? Es decir, ¿cómo utilizar la potencialidad intercultural de las diversas identidades peruanas sin caer en una exotización destinada solo a satisfacer el deseo de los más poderosos? ¿Es posible que el turismo pueda articular una narrativa más interesante sobre la realidad del país? ¿Es imaginable que el turismo se convierta, además, en un espacio de reflexión destinado a interpelar a los visitantes haciéndolos más conscientes de los antagonismos y de las posibilidades del presente?
Una cosa sí me parece cierta: ese pragmatismo a ultranza que se nos está imponiendo (que bien podría resumirse con la frese: "actúen sin pensar, actúen no mas que siempre hay dinero de por medio") es inaceptable, pues debemos imaginar y proponer mecanismos más creativos para narrar nuestra historia (y nuestras identidades) y para introducirla políticamente en la escena global. Spivak (1996) habla de un "esencialismo estratégico" es decir, de una manera mediante la cual se maniobra con el carácter supuestamente fijo y estable de las identidades, a fin de ir conquistando mayores derechos.
En todo caso, lo cierto es que la performance puede ser tanto un arma de liberación como una cárcel en la que bien podemos terminar atrapados. El turismo debe ser un espacio que articule la promoción del Estado, con la iniciativa privada y con la participación de las poblaciones locales. El turismo no puede ser más el relato ventrílocuo de una demanda de exotismo que silencia y que oculta. Es cuestión de opciones, de política cultural, de agentes y actores culturales comprometidos en no resignarse ante este vergonzoso cinismo generalizado.
¹ Quiero agradecer mucho a Pablo Sandoval por haberme conseguido este video que no es de fácil acceso en el Perú. También a varios amigos que comentaron este trabajo desde sus inicios: Maria Isabel Remy, Romeo Grompone, Gonzalo Portocarrero y Catherine Walsh. En su version original, "Industrias Culturales. Maquina de deseos en el mundo contemporáneo". Santiago López Maguiña, Gonzalo Portocarrero, Rocío Silva Santistevan, Juan Carlos Ubilluz y Víctor Vich editores. Lima: Red para el desarrollo de las Ciencias Sociales, 2007.
(2) Hasta el momento se han realizado tres programas de esta naturaleza: Jordania (2002), Nueva Zelanda (2002), Perú (2005) y Jamaica (2005)
(3) Como es de suponer, el guión se redactó en Lima por funcionarios peruanos pero siempre a partir de las indicaciones oficiales de los productores. Testimonios directos afirman que las negociaciones entre una y otra instancia fueron constantes pero que al momento de las grabaciones fue muy claro el deseo del presidente Toledo de complacer a los productores norteamericanos, trasgrediendo inclusive muchas de las indicaciones de sus asesores de imagen.
(4) Fue el caso, por ejemplo, del asesinato del alcalde de Ilave en Puno. Una cronología del gobierno puede encontrarse en el libro de Grompone (2005).
(5) Es una frase que anoté en una buena conversación que tuvimos con él en el Instituto de Estudios Peruanos la mañana del 22 de julio del 2005.
(6) Debo subrayar que el Royal Tour no es un producto muy distinto de lo que en materia de promoción turística los últimos gobiernos del Perú han venido haciendo a través de la agencia Prom Perú y que una continuidad resalta desde todos puntos de vista.
Bibliografía
Cánepa. Gisella. "Los antropólogos y los sucesos de Ilave." En: Quehacer 148, Mayo-junio 2004. pp. 26-31
Grompone, Romeo. La escisión inevitable. Partidos y movimientos en el Perú actual. Lima: IEP, 2005.
Harvey, David. La condición posmoderna. Investigaciones sobre los orígenes del cambio cultural. Buenos Aires: Amorrortu, 1998.
Mignolo, Walter. "Diferencia colonial y razón post-occidental." En: La reconstrucción de las ciencias sociales. Santiago Castro-Gómez, editor. Bogotá: Instituto Pensar, 1999.
Reguillo, Rossana: Horizontes fragmentados. Comunicación, cultura, pospolítica. El desorden global y sus figuras. Guadalajara: ITESO, 2005.
Spivak. Gaytri. ¿Puede hablar el subalterno? En:
Spivak. Gaytri. "Subaltern talk" En: The Spivak reader. Edited by Donna landry and Gerald Maclean. New York: Routledge, 1996.
Vich, Cynthia. "29 de julio de 2001: Toledo en el Cusco o Pachacútec en el mercado global" en Marita Hamman, Santiago López Maguiña, Gonzalo Portocarrero y Víctor Vich, editores. Batallas por la memoria: antagonismos de la promesa peruana. Lima: Red para el desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, 2003.
Zizek, Slavoj. El sublime objeto de la ideología. México DF: Siglo XXI, 1999.
Zizek, Slavoj. A propósito de Lenin: política y subjetividad en el capitalismo tardío. Buenos Aires: Atuel, 2003.
Es autor de tres libros: El discurso de la calle: los cómicos ambulantes y las tensiones de la modernidad en el Perú (Lima, 2001), El caníbal es el otro: violencia y cultura en el Perú contemporáneo (Lima, 2002) y Oralidad y poder (Bogota, 2004). Actualmente, es investigador principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y profesor de la Pontificia Universidad Católica de Peru.
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